Ser Mamá es para la mayoría de las mujeres el rol más complejo que nos toca vivir, el hecho de que no hay un parámetro claro de cómo “tenemos que” vivirlo, hay que aprenderlo y desarrollar un montón de habilidades, destrezas y capacidades que nunca antes fueron puestas a prueba, en algún momento  tenemos “fallas” o no cubrimos nuestras expectativas y concluimos que “no somos buenas Madres” o peor aún que “somos malas Madres”.

Prácticamente todas las Mamás con las que he hablado son “malas” o “no-tan-buenas” madres, charlas interminables de los retos de ser Mamás, de las alegrías, satisfacciones, los maravillosos momentos, los desvelos, los momentos de desesperación… me han ayudado identificar 3 conductas principales que nos hacen sentir así:

  • Auto-crítica: pareciera que el ser Mamá viene con un “chip” que hace que veamos con lupa nuestras acciones, pensamientos, actitudes, decisiones y todo lo que involucre a nuestros hijos. Nos encontramos con mayor frecuencia e intensidad identificando cosas que “hacemos mal” y los clásicos “deberías” que nos dictan cómo es que hay que actuar en todo momento, para que sea “perfecto”;  lo cual está padrísimo, queremos lo mejor para ellos, queremos eliminar la posibilidad de “efectos colaterales” de nuestros propios aprendizajes para que nuestros hijos sean siempre felices, no queremos “traumarlos” o “dañarlos” y por eso nos exigimos tanto, por eso queremos hacerlo perfecto;  sabemos que Mamá es una figura fundamental en el desarrollo psicológico-emocional-conductual de nuestros hijos (innegable) y sentimos todo el peso de nuestro rol y lo trascendente del mismo -completamente comprensible querer hacerlo perfecto- ¿el problema? No podemos hacerlo perfecto, simple y sencillamente, no es humano.
  • Culpabilización: esa “voz crítica” nos lleva casi siempre a sentirnos culpables, por miles de razones:  darse un baño largo cuando su bebé está llorando, tardarse 30 minutos más para llegar a casa con su hijo después del trabajo, elegir cesárea, dejarles ver TV,  dejarles comer dulces, no comprarles ese juguete, decirles que es hora de bañarse cuando estaban jugando tan agusto… una lista interminable de cosas  -aclarando que todas las que mencioné NO son conductas que “deban” generar culpa- , pareciera que esta “voz crítica” nos exige perfección y  nos hace sentir culpables por prácticamente todas (o la mayoría de) las decisiones que tomamos en la crianza y educación de nuestros hijos.
  • Renunciar: sobretodo a nuestras necesidades – que “per se” no tiene nada de “malo”, en muchas ocasiones “es parte del trabajo” y por tanto es necesario- pero con bastante frecuencia he notado que las Mamás renunciamos “de más” a nuestras necesidades (la responsable: la voz crítica y los deberías), dejamos de pedir que Papá o alguien más cuide a nuestros hijos para tener un tiempo para nosotras para platicar con amigas, tomarnos un café caliente, cortarnos el cabello, ir al doctor, dormir o descansar, atendernos en algún sentido. Obviamente esto incrementa nuestro cansancio y desgaste, muchas veces es causa de “depresión”, nos pone irritables… en fin, definitivamente hay renuncias que son innecesarias y no nos funcionan.

Demás está decir que NINGUNA Mamá quiere sentirse así, los factores del contexto como las expectativas sociales, las reglas y expectativas familiares y en la pareja, así como los aprendizajes personales hacen que A VECES nos “ciclemos” en formas de funcionar que definitivamente nos dificultan creernos la realidad: SOMOS BUENAS MADRES.

Prueba decírtelo con mayor frecuencia, muy probablemente algo cambie; aunque vayas contra lo que “sientes” en algunos momentos en que la “voz crítica” esté haciendo de las suyas, ERES BUENA MADRE porque:

  • Te importa serlo, así de fácil, hacer lo mejor posible en tu rol de Mamá, seguro es una prioridad para ti.
  • Te esfuerzas por serlo, cada cosa que haces, en cada momento, con los recursos (en todos los sentidos) que tienes en ese instante (no siempre podemos hacerlo al 100%).
  • No eres perfecta, ni tienes que serlo, eres humana y como tal tendrás muchas virtudes y defectos, aciertos y errores, momentos de calma y momentos de enojo, tu súper poder (y principal motivación para seguirlo intentando) es el amor que sientes por cada uno de tus hijos.

¿Qué puedes hacer para creerte que eres BUENA MAMÁ?


Me encantaría poder decirte con precisión lo que te ayudará, platicando con amigas y en terapia con mis clientas hemos podido descubrir sus formas, pero definitivamente cada una tiene su propia manera, sin embargo, tengo algunos «tips» que pueden ayudarte:

  • Calla a tu “voz crítica”: nos hace creer que ayuda, pero en realidad no, te nubla el pensamiento, te estresa, te pone ansiosa, genera confusión, dudas y culpas.
  • Escucha a tu “ Yo (pon tu nombre) Sabia”: puedes identificarla como “la mejor versión de ti”, una parte de tí equilibrada, justa, sabia, inteligente, calmada, que atiende a lo que tus hijos  necesitan, pero también a lo que TÚ necesitas, que va más allá de las exigencias, de los libros, de los «opinólogos». Esta parte de ti sabe (o puede aprender) a identificar, validar y cubrir lo que de verdad necesitas tú y tus hijos.
  • Recuerda: tus hijos necesitan una mamá satisfecha y feliz, a veces hay que tomarse un tiempo sin ellos para eso para atender lo que tú necesitas, a veces hay que cargarlos y abrazarlos más, a veces a quien tienes que atender es a tí misma.
  • Ten en cuenta: No hay otra Mamá como Tú, por lo tanto, las comparaciones y exigencias no aplican, así como no hay ningún otro niño o niña como los tuyos, todos son diferentes y especiales;  aplica también para las Mamás, medirnos y compararnos con otras no ayuda, el intercambio de ideas ayuda sólo en el sentido de conocer otras perspectivas para descubrir si algo funciona para nosotras y nuestra familia.
  • Pide apoyo: No tienes que saberlo todo, no tienes que resolverlo todo a la perfección, no tienes que hacerlo sola, pedir apoyo es lo más sabio que podemos hacer en momentos en que tenemos duda, estamos confundidas, cansadas, agobiadas, cuando no sabemos cómo afrontar una situación o qué hacer para criar de acuerdo con las propias convicciones a nuestros hijos.
  • No te obligues a disfrutarlo. Ser Mamá es difícil, en ocasiones MUY difícil, no es algo que tengas que disfrutar todo el tiempo, y eso no cambia el amor que sientes por tus hijos. Desde el embarazo existe una falsa creencia de que debemos estar “plenas” y sentirnos “dichosas”, y aunque está padrísimo porque hay momentos en que nos provocan esas sensaciones, hay otros que nos hacen sentir diferente y es totalmente válido, se vale decir que es difícil, que estás cansada, que es todo un reto, que necesitas ayuda, date permiso de sentir todo eso por un rato, si esas sensaciones son permanentes, tal vez es momento de pedir ayuda profesional e iniciar un proceso psicoterapéutico.
  • Haz una lista de las cosas que te hacen una “Buena Mamá” y tenla a la mano, durante un mes anota al menos una cosa en esa lista, no tienen que ser “cosas grandes”, date crédito por las cosas sencillas y  encontrarás muchas más razones de las que habías contemplado.

Intenta poner en práctica estas recomendaciones y probablemente notarás que te sientes más fuerte y motivada para afrontar -según tus convicciones y estilo de crianza- los momentos difíciles, sintiéndote más segura y satisfecha, fortaleciendo todas las “cosas buenas” que haces todos los días. 

Staff IJPCC

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